Efectivamente, los diseñadores son los “Reyes Magos de la moda”, aunque en esta industria todas las piezas son clave. A pesar de los diseñadores, se necesita una infraestructura financiera, empresarial y estratégica muy sólida que les apoye. Es por eso que, en muchos casos, los inversores pueden ser perfectamente considerados no solo como los Reyes Magos, sino como Santa Claus y la Bruja Befana juntos.

De todas formas, no deja de ser cierto que sí, a los diseñadores les
debemos mucho, mucho. Hace siglos y años nos vestíamos por necesidad, y
las prendas no respondían a ningún diseño o tendencia estética. El
objetivo era cubrir lo cubrible y mostrar lo mostrable, atendiendo
básicamente a razones morales o quién sabe. Me refiero, por poner un
ejemplo, a aquellos trajes largos tirando a horribles que llevaban las
mujeres en los siglos XVIII y XIX; trajes que por supuesto debían
cubrir los tobillos, de lo contrario era considerado un atrevimiento,
una obscenidad.

Menos mal que con el paso de los años a la ropa se le fue añadiendo
un toque sofisticado, es decir, ¿por qué utilizar las prendas
únicamente por necesitad? Ya que tenemos que vestirnos hagámoslo de
forma dulce, pongamos decoración. De este modo, el avance de los
tiempos y las mentalidades ayudó a consolidar la esencia de la moda
como tal. Una de esas grandes ayudas fue el mundo del cine, de
Hollywood y como no, de los artistos y artistas, que crearon nuevos
estilos y modas.

Sin embargo, una de las personas que más peso tuvo en
la creación de la figura del diseñador fue ella, Gabrielle Coco Chanel,
gracias a su cambio radical del encorsetamiento femenino al look casi
masculino. Por supuesto, otros diseñadores como Christian Dior también
contribuyeron al ensalzamiento de la figura del creador, en este caso
por su hiperconocido New Look, que supuso otro punto de inflexión en la
trayectoria de la moda.

Pero una de la claves más destacables de la figura del diseñador y
de su entorno reside en su corpus lingüístico o semántica. Antes, había
modistos, couturiers, craftsmen, ateliers, workshops y salones. Ahora
hay diseñadores, estudios, backstages, fittings y showrooms.

Anyway, me gustaría aclarar que al criticar que antiguamente no se
hacía moda sino ropa, en algunos casos para mantener la decencia de la
sociedad (especialmente la de las mujeres), no significa que esté de
acuerdo con el nuevo y pseudomoderno “¡viva la vida!”. Es decir, no
creo que en los tiempos que corren, como se suele decir, valga todo y
menos aún en términos de moda. Con ese vale todo me refiero, por
ejemplo, a transparencias explícitas, escotazos de dos rombos,
ultraminifaldas, vestidos-porno etc. No creo que porque la mentalidad
general sea la de “se puede todo” vayamos por las calles o por las
pasarelas con un pecho (con perdón) al aire, por ejemplo.

En resumidas cuentas, gracias diseñadores por hacernos esa ropa tan
bonita, vosotros sois responsables de la moda de la historia. Y si
algunos la hicieran un pelín más barata, sería el colmo de la
perfección, por si cuela.

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